El tajín, procedente de la cocina norteafricana, ha llegado a nuestra cocina. El tajín es una olla hecha de barro. Tiene una tapa muy alta y una parte superior característica en forma de chimenea. De este modo, el vapor puede escapar y los alimentos del tajín se cuecen de manera uniforme. La condensación regresa continuamente al interior durante la cocción. El sabor de los platos es óptimo. Sirve para preparar carne, pescado o verdura. Lo mejor es que puedes servir el plato directamente en el tajín.
El tajín es apto para todas las fuentes de calor, incluyendo el horno, la inducción y las cocinas eléctricas. Si se utiliza un horno (si el tajín cabe), la condensación no volverá a entrar en la fuente, porque la tapa estará tan caliente como el recipiente.
Cocinar con un tajín
Cocinar con un tajín es un verdadero placer. Requiere cierta preparación y paciencia. Un tajín puede utilizarse para guisos y platos de una sola sartén. En otras palabras, la cocción lenta. Cocina todo a fuego bajo o medio. Al dejar que el plato se cocine a fuego lento durante mucho tiempo, la carne quedará muy tierna y las especias se absorberán por completo. También se puede utilizar un tajín en un fuego abierto. Sin embargo, será más difícil mantener una temperatura constante. La cantidad de humedad es muy importante. No añadas muy poco, pero definitivamente no añadas demasiado. El agua se vaporizará, subirá por la tapa en forma de cono y volverá a fluir hacia el plato. Apenas se pierde agua. También puedes servir tu plato en el tajín: ¡queda precioso en la mesa!
Evita las diferencias de temperatura
No expongas nunca el tajín a grandes diferencias de temperatura. Esto hará que la sartén o la tapa en forma de cono se agriete. Por ello, nunca debes poner la sartén caliente directamente bajo un grifo frío. Además, hay que evitar poner productos fríos en un tajín caliente. Pero lo más importante: nunca pongas el tajín en un horno precalentado. Mete el tajín en el horno mientras se calienta. Esto permite que el tajín se caliente gradualmente.